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De Quevedo a Góngora 3

 En el jardín hay dos mecedoras donde todas las tardes compartimos el atardecer. Las manos enlazadas, una manta en el regazo, y el bastón apoyado en la pared. Pero llegará un día donde el silencio se siente en mi silla, donde yo no hable demasiado y no tenga voz para una crítica. Sabes que me estoy yendo, las pesadillas plagan mi cuerpo. Y aunque sabes que me gustaría quedarme, sabes que preferiría irme yo antes. Porque un mundo sin oír tu voz donde todo lo que quede sea recuerdo, sin nadie al lado que discuta conmigo, no sería capaz de aguantar cuerdo. Y aunque hace años hubiera preferido tragarme el veneno para no admitir el hambre, ese vacío de mi corazón ya no está. Has sido tú, tú lo curaste

Cuento de Quevedo sobre los Dioses

 Las creencias del hombre en los dioses son una de las cosas más fuertes que existen. Y elegir fe es difícil, pero cuando crees mucho en algo, te das cuenta de que siempre ha sido real. Luis de Góngora siempre ha sido un hombre de Fe. Y ahora que se ha dado cuenta de que la Venus que le acompaña en el camino es La Venus real, se le ha abierto un mundo.  De pronto nos dimos cuenta de que todas aquellas leyendas de los libros antiguos caminaban entre nosotros, y compartíamos con ellos el pan y el vino en nuestra mesa. Son reales, nunca perdieron su poder. Y mientras caminen entre nosotros, la Fe nunca morirá, ni en el ensueño ni entre los humanos

Frío que calienta

 Las horas cuando estás solo pasan mucho más lentas cuando es entre sollozos porque tengo heridas abiertas y muy poco aplomo. Tal vez no sean kilómetros, tan solo metros nos separan, pero lo que llevo por dentro a mi alma le gana cuando se trata de tu gesto. Intentando que el tiempo pase para poder volver a verte o tal vez solo hablarte eso ya hace que mi mente respire y se calme. Necesito tenerte en ella porque solo echo de menos tus manos quitándome la pena, aunque frías como el hielo por dentro me calientan

De Quevedo a Góngora 2

Es un corazón cautivo que siempre es bienvenido, que aunque antes era mío ahora late por tí con brío. No se si es un sueño pero escribo con empeño intentando contener mi genio para el que ahora es mi dueño. No te confundas, no soy manso aunque solo quiera yacer entre tus brazos y tu voz sea de una sirena su canto. Hay pocas cosas que no haría por ti pídemelo, lo haría en un tris con mi corazón en un frenesí. Ahora te miro a los ojos negros como pozos, Que sin embargo de luz llenos por mí quiero pensar, mi ensueño.

De Quevedo a Góngora 1

 Me tienes encerrado, no estoy vivo mirando paredes, contando días mi alma en silencio llorando mira cómo mi corazón cae en el olvido. Pero tu me arrebataste lo mío lleno de odio, cegada mi vista pensando en soledad, hace que gima no puedo más, solo queda el grito. Vamos, atrévete a hablar, di la verdad por dentro trago dolor y amargura quieto, ni una palabra, no digas más. Mi corazón latiendo en la penumbra aquel que tu solo hiciste llorar ahora vibra, libre de toda duda.

Presas en la eternidad

 Te veo al cerrar los ojos rebotando tras ellos consumiendo mis pensamientos. Tú y tu pelo rojo, tu sabor a caramelo, tu sonrisa sin quiebro. Las manos en mi espalda marcando su paso para la posteridad. Me arrancan la voz cosa mala como tus dientes en mi cuello fríos, soy la presa y tú la eternidad

¿Va a ser así?

 Como un río desbocado o una avalancha, la corriente en mi cabeza campando a sus anchas. ¿Va a ser así? Retroalimentando mutuamente el arte de nuestras manos  sin fijarnos en el matiz. Yo lo acepto con gusto porque las puertas se han abierto y no dejan de fluir tus pensamientos